“El Arco, como programa de Gobierno, es necesario para transformar la minería en el país”

Prensa Minería/Martha Díaz.- “El Arco Minero del Orinoco, como política de Gobierno, representa la posibilidad real para transformar la experiencia minera al sur del Orinoco que tiene una historia de casi 200 años de deforestación y pérdida de biodiversidad. No hablo de la minería, sino del programa de Gobierno”.

Esta es la valoración expresada por el doctor en Ecología e investigador del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), Francisco Herrera, durante su participación en el foro “La huella ecológica: impacto de la minería, realidades y perspectivas”, como parte del ciclo de conversatorios denominado AMO Todas las Miradas, organizado por el Ministerio del Poder Popular para Desarrollo Minero Ecológico, a fin de construir soluciones a la realidad de la actividad minera aurífera que se ha venido realizando en el sur del país.

Para Herrera, el impacto ambiental que genera la extracción del oro es “altamente degradante”, ya que genera impactos severos en los ecosistemas y, por tanto, afecta la interrelación entre las comunidades y el ambiente.

“El planeta vive un momento crítico y para mitigar un poco la situación y hacer mayor justicia ambiental, se debe realizar una planificación territorial consciente y reflexiva de las áreas mineras. Por lo tanto, el Gobierno necesita incrementar la inversión en investigación científica e innovación tecnológica para minimizar el impacto ambiental, como resultado de la práctica minera”, expresó.

Durante su intervención, el investigador enfatizó que los daños ambientales de la minería son acumulativos, y solo con planificación y estricto control, se puede minimizar el impacto; por tal motivo: “Venezuela tiene la obligación de organizar la minería porque sus daños pueden ser irreversibles”, dijo Herrera.

Manifestó que la minería se ha convertido en un gran sistema económico que genera ganancias y beneficios a todo el país, pero insistió que trae consecuencias importantes en la población. En ese sentido, hizo un llamado a elevar la conciencia y la responsabilidad en el cuidado de la Tierra, y evaluar el porqué y el para qué se realiza la minería.

“Elevar la conciencia significa pensar para qué hacemos minería: ¿para satisfacer nuestras necesidades?, ¿o para satisfacer demandas de poderes imperiales? ¿Cómo hacemos para no ser esa periferia a la que se le ha asignado el rol de proveedora de materias primas?”, manifestó.

Como especialista en el área ecológica, recomendó tomar medidas rápidas y eficientes, como por ejemplo, acotar las zonas intervenidas, migrar a tecnologías mineras de menor impacto ambiental, como el paso del mercurio a la lixiviación con cianuro, ya que esta es una tecnología menos invasiva con el ambiente.

Fue tajante, sin embargo, al señalar que es necesario eliminar sin ningún tipo de flexibilización el uso del mercurio por los peligros que genera tanto al ambiente como a las comunidades mineras.

Primer paso: cambio cultural

La socióloga Clara Ferreira, durante su intervención en el conversatorio, destacó que cada estrategia que se desee aplicar en el Arco Minero del Orinoco debe necesariamente apuntar a un cambio cultural, con la finalidad de modificar la forma de relacionarnos con la naturaleza.

“Si seguimos viendo a la naturaleza únicamente para generar ingresos —modelo rentista petrolero ahora devenido en rentista minero— cualquier esfuerzo que hagamos resultará en vano”, comentó.

Ferreira insistió en que “debemos revolucionar nuestra relación con la Tierra, y en el Arco Minero del Orinoco, el Estado tiene el compromiso de construir un nuevo sistema de vida, en el que se valore lo social y lo ambiental”.

Otro punto de relevancia que se debe tomar en consideración, dentro del Arco Minero del Orinoco como Zona de Desarrollo Estratégica Nacional, es entender las representaciones que cada grupo tiene respecto al rol que desempeña. “Hoy cada grupo de interés en la zona mantiene su punto de vista inflexible, las representaciones grupales privan por sobre las de los colectivos sociales e incluso nacionales, por esto es necesario generar procesos de diálogo y negociación para lograr encuentros sin desestimar importantes particularidades”, subrayó la socióloga.

Científico del IVIC: Venezuela tiene la obligación de organizar la minería porque sus daños pueden ser irreversibles

Prensa Minería/Karina Depablos.- “El Arco Minero del Orinoco (AMO) era necesario hace 10, 20 y 40 años. El Estado debe organizar, entender, administrar y tratar de dirigir una actividad minera que tiene más de 150 años de historia; pero eso sí: debe hacerlo estudiando todas las complejidades de la zona para no crear daños incalculables”.

Esta es la apreciación que tiene el biólogo Francisco Herrera, miembro del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), sobre la política del Arco Minero del Orinoco. El científico advirtió que, en el momento que vive el planeta, cualquier actividad que se desarrolle en la naturaleza requiere de más y mejores consideraciones, amplios debates democráticos e investigaciones rigurosas.

De acuerdo con este investigador, que posee un doctorado en Ecología de Suelos de la Universidad de Exeter en Reino Unido, era imprescindible crear una política integral como el Arco Minero del Orinoco, pues los daños ambientales de la minería son acumulativos; y solo con planificación y un control estricto, se puede minimizar el impacto en el ecosistema.

“El planeta está en el momento más crítico, no solo Venezuela. El Estado necesita incrementar la inversión en investigación científica e innovación tecnológica para minimizar el impacto ambiental causado por la minería. Debemos entender y conocer geográficamente el AMO para hacer una planificación eficiente; es decir: no podemos hablar de 112 mil kilómetros cuadrados, tenemos que hacer una acotación, lo que denominamos parche, un sector estrictamente delimitado donde se desarrollará la minería, y una acotación del sector que será impactado”, expresó.

Durante su participación en el programa En la bulla, transmitido por RNV Informativa, Herrera comentó que, con la minería, se generan zonas de sacrificio, en donde no es posible recuperar la naturaleza, en una escala humana ni ecológica, con las condiciones con las que se estaba desarrollando la exploración y explotación de minerales, por eso “es necesario actuar de forma rápida y eficiente”.

“Debemos tomar medidas, insisto, acotar las zonas intervenidas. La acotación debe ser temporal y espacial. El proceso de lixiviación con cianuro es una tecnología menos invasiva con el ambiente. Es biológicamente un poco más trabajable en la naturaleza, menos contaminante. El cianuro es mucho más fácil de monitorear en sistemas acotados; pero el mercurio es inadmisible. No puede haber flexibilidad con el uso de mercurio”, enfatizó.

Investigación necesaria para la acción necesaria

Para el científico Francisco Herrera, la experiencia extranjera en temas ambientales no funciona para Venezuela, puesto que se deben generar plataformas de investigación que ofrezcan soluciones ajustadas a la realidad de la nación.

“Yo creo que el capitalismo no favorece la investigación para resarcir daños ambientales, por eso tenemos el desastre que tenemos —planetariamente hablando—. Tenemos que invertir aceleradamente en investigaciones, entender cómo funcionan los sistemas base, ambientales, sociales, y generar respuestas para nosotros, para Venezuela. En temas ambientales no nos sirven, estrictamente, las experiencias de Canadá, Australia ni Argentina; ellos nos pueden dar ideas, pero necesitamos generar conocimiento local para trabajar”, manifestó.

Herrera reiteró que, antes de iniciar actividades mineras en el país, el Gobierno nacional debe trabajar y prepararse para la recuperación del espacio; en otras palabras: debe generar una planificación inicial, una pre-ocupación del espacio, una pre-atención al problema ambiental.

“No es cuando nosotros queremos es cuando es necesario. Debemos generar aprendizaje propio que implique un accionar propio. Hay una matriz de opinión negativa en la que parece que se quiere perpetuar la actividad minera en el país. Acá, estamos tratando de transformar una cultura minera, una actividad histórica arraigada, practicada con el uso del mercurio. Creo que lo que obtenemos de la extracción de oro debe ser reinvertido en el tema ambiental. Venezuela tiene reinversión social de casi 80 %, una de las más altas del planeta, pero en el tema ambiental no alcanzamos esas cifras”, explicó.

Herrera reiteró que la actividad minera como sistema económico trae beneficios para todo el país. Sin embargo, indicó que tiene consecuencias serias en la población presente y futura, por lo que se necesita invitar al debate, la discusión y generar propuestas de acción inmediata.

“Deberíamos tener en cuenta una interrogante, cómo podemos propiciar con recursos propios la investigación, las capacidades de investigación para conservar, preservar y recuperar el ecosistema. Sabemos de actividad minera porque estaba allí, pero nunca antes habíamos tenido un Estado que asumiera la responsabilidad. Creo que debemos tener altos estándares en las negociaciones y en los acuerdos que se firmen en materia minera; que los temas ambientales y sociales se ajusten a la expectativa de la población venezolana”, subrayó.

El investigador añadió que oponerse a la minería no es factible, puesto que implica pérdidas de tiempo, esfuerzo y recursos. Sin embargo, declaró que hay que dedicarse a construir la institucionalidad, encargada de controlar los efectos de la minería, en todas sus escalas.

“Gracias al proceso revolucionario, las implicaciones del discurso de Hugo Chávez con el quinto objetivo del Plan de la Patria, tenemos ahora un elevado nivel de ecología política, una compresión cuasi filosófica de los problemas ambientales. Nosotros sí podemos estar a la vanguardia de muchos países del planeta por eso hay un gran reto, los venezolanos y las venezolanas se han convertido en interlocutores muy bien preparados. ¡Vamos por ellos!, vamos a la consulta y a la participación de todos”, recalcó.

Foto: Jonnathan Gudiño